Desde que tengo memoria, he escuchado numerosas conversaciones de tías, primas y mamás que, tristemente, se encuentran atrapadas en las garras de la violencia estética. Es esa sutil pero poderosa forma que tiene la sociedad de imponernos estándares irreales y decirnos cómo debería ser y lucir nuestro cuerpo. En un mundo donde la diversidad esencialmente humana, resulta desolador presenciar cómo se promueve la idea de que solo hay una forma «correcta» de belleza. Sin embargo, es vital recordar que somos seres únicos y que nuestra valía no debería ser medida por nuestra apariencia física. Es hora de desafiar y rechazar estos estándares opresivos y abrazar la belleza en todas sus formas y manifestaciones, celebrando la individualidad y cultivando la aceptación de uno mismo y de los demás.
Y digo sutil porque de verdad, estos son los temas de conversación la mayor parte del tiempo entre nosotras las mujeres: las diferentes dietas que se han hecho durante cientos de días, meses e incluso años (la dieta de la avena, la de la luna, ayuno intermitente, los batidos… en fin). Cuántas dietas han hecho nuestras generaciones femeninas a lo largo de los años, diría que más de las que quisieramos escuchar.
Y es que no es casualidad, que la mayoría de personas que hacen dieta en el mundo sean mujeres, porque es algo en lo que vivimos sumergidas desde que somos niñas. Desde la infancia podemos ver reflejado en nuestras mamás, una vida con la cultura de dietas, una vida de no disfrutar nuestro cuerpo presente, de «cuidar nuestro cuerpo» desde la presión por querer encajar en estándares de belleza muchas veces irreales, y no se nos enseña a darle amor a nuestro cuerpo desde el respeto y la aceptación.
¡Qué triste! Pensar que le damos tanto valor al cuerpo, que sentimos que la forma en cómo es y se ve nuestro cuerpo define lo que somos como personas. Resignificar la palabra salud es importante y necesario, porque si de salud realmente hablamos, no solo se considera la parte física en temas de salud. ¿Qué tal si hablamos también de la salud mental, tan necesaria y tan poco valorada? Nuestra manera de disfrutar nuestra vida y sentir que somos sanos parece que se logra solo al entrar en «X» talla de ropa.
¡Como hija, prima y hermana! Quiero empezar a cambiar el discurso que nos contamos como mujeres porque sé que es fundamental para nuestro crecimiento y bienestar. Creo firmemente que todo comienza por ponerle nombre a lo que vemos que está mal en nosotras, ya sea a nivel personal o a nivel colectivo.
Una de las cosas a las que me refiero es a las conductas de odio hacia nuestros cuerpos. Es triste cómo muchas veces nos dejamos llevar por los estándares impuestos por la sociedad y nos encontramos criticando y menospreciando nuestras propias formas y tamaños. Debemos aprender a amar y aceptar nuestros cuerpos tal y como son, valorando la diversidad y la belleza en todas sus manifestaciones.
Además, es importante reconocer y enfrentar los pensamientos intrusivos y destructivos que pueden surgir en relación a nuestro cuerpo. Es normal tener momentos de autocrítica, pero no debemos permitir que estos pensamientos negativos nos definan ni nos limiten. Debemos cultivar una mentalidad positiva y trabajar en nuestra autoestima para construir una relación saludable con nosotras mismas.